¿CUÁNDO TERMINA UN VIAJE?
La cotidianeidad nos ha abducido. La resaca de la vuelta se prolonga. Incorporarse al “trotecillo cochinero” de Sevilla es costoso, doloroso, lento. Curiosamente la sensación de extrañeza y desasosiego persiste, nos ha quedado tanto por querer, por hacer y por conocer que regresaríamos de inmediato, con los ojos abiertos, por supuesto.

Ahora que el viaje externo ha finalizado, vienen los espacios para reflejar los recuerdos, los contactos, las nostalgias, lo aprendido y sobre todo los nuevos proyectos.
Los viajes se sabe cuando empiezan, pero nunca se sabe cuando terminan, sobre todo cuando vas dejando aquí y allá partes de ti que siguen latiendo con su poquito de autonomía en las piedras, los árboles, los lugares y la gente significativa.
Tu propia persona sufre una especie de acomodación interna y se hace más flexible, más tierna, más capaz de volar lejos sabiendo el rumbo, dejándose llevar por esos vientos –que entre la vigilia y el sueño- te pueden llevar a los deseos.
No vale resistirse demasiado, ni aferrarse a los recuerdos, ni negar la nostalgia, ni inventar excusas, ni tener miedo a las nuevas sensaciones, ni negar la realidad, ni resignarse a la distancia. Cuando se producen los encuentros y se viven desde el corazón, tú misma te los llevas puestos, como unos nuevos zapatos, aún sin domesticar, que te obligan a estar consciente de tus pasos.
Esos nuevos pasos tambaleantes incluyen planes y planes:
- Para nuevos viajes que nos permitan conocer el sudeste del país, la Baja California, Oaxaca, y mucho más. A ser posible en compañía de más familia española y por supuesto con la de allá. Puras vacaciones compartidas en el paraíso.
- Para ir diseñando posibilidades de empleo (y sueldo) para quienes de la familia estén dispuestas a probar fortuna en este lado. ¿Tendría futuro –realmente- una taquería de las de verdad (nada de “Cantina Mariachi”, ni Tex-Mex) con auténtica y genuina comida corrida mexicana en esta Sevilla nuestra?
- Para ir pasando notas y apuntes de mi “versión para gente iniciada y no exigente” sobre el fascinante tema de las culturas prehispánicas. Me encantaría compartir un poquito y así sigo “trabajando en ello”... ¿suena demasiado pretencioso?. Espero comentarios si hay interés.
- Para seguir manteniendo vivo el contacto, las noticias, las opiniones sobre un México que está en ebullición, que es difícil de entender, que nos atrae y que tenemos que conocer desde el intercambio necesario con la gente protagonista...más allá de nuestra europercepción de la historia.
- Para hacer de este blog un espacio vivo con quienes nos hacéis el inmenso honor de participar... Ya compartisteis nuestro viaje, a partir de ahora no dudéis no sólo en opinar o comentar, sino en enviar artículos, relatos, noticias o lo que creáis de interés... ¡¡a ver que conseguimos!!!.







Si se creían que no íbamos a conocer algo típicamente mexicano, y que estábamos bajo el influjo del DF, se equivocan. Maritere y Enrique nos secuestran y pasamos un enorme fin de semana en una localidad del Estado de Guanajuato (que no es Guajolote), coincidiendo con un festival de cine y unas jornadas de diversidad sexual (de milagro no fuí secuestrado por gays!!!!). No nos dimos cuenta de ello hasta después de 2 horas buscando un alojamiento que, finalmente, conseguimos gracias a las influencias de nuestros anfitriones, de modo que compartimos una bonita habitación con vistas a una alberca (que no usamos) que créanme, sacaban agua caliente de 500 km bajo tierra (y no la usamos!!!!)....es México.
A veces imagino esta ciudad como un queso gruyere, cuyas entrañas horadadas por túneles están pobladas por los más diversos seres (incluidos nosotros). Si la visita al Museo Antropológico y Teotihuacan nos ofreció la visión de un pasado prehispánico monumental y batallador con increíbles templos y pirámides escalonadas, el metro nos ofrece una muestra de un presente de inquietante serenidad. Las multitudes murmullan, los pasos resuenan en los cientos de escalones que hay que ir subiendo y bajando continuamente (¿las nuevas pirámides?) para llegar a los respectivos lugares de sacrificio, donde hoy, como ayer, el pueblo va arrancándose pedazos de su cuerpo para seguir ofreciendo el regalo de su sangre para los nuevos dioses.
En los últimos días hemos tenido muchas sensaciones, hemos visto muchas cosas, nos hemos impregnado de muchas emociones. Comida con Toño, Hilda, Fer, que nos permitió visitar la zona de expansión (sí, sigue creciendo) del DF, en donde los contrastes entre los rascacielos y las casas humildes a pocos metros nos dejaron con la boca abierta. Visitamos con Maritere y Enrique el Desierto de los Leones, que ni está desierto, ni hay leones, sino una zona boscosa impresionante con un convento en su corazón. Ese mismo día también visitamos Coyoacán, o el barrio que hemos elegido para vivir en México, una especie de Lavapiés colonial. 

Ya podéis comprobar en esta foto, el mismo miércoles al día siguiente de nuestra llegada, en donde Malú, Lita y Mina, posan en la plaza del Zócalo, que en efecto iniciamos nuestro periplo mexicano. 


